En
estos momentos siento miedo, no un miedo normal como el miedo a las arañas o a
la oscuridad, sino miedo a perder una de las personas más importantes de mi
vida. Solo tengo 12 años, ¿pero qué más da? Tengo derecho a sentir, tengo
derecho al miedo, tengo derecho a llorar...
Sí,
quiero llorar como nunca he llorado. Las lágrimas comienzan a aparecer y mi
corazón, a medida que el riachuelo baja, se va cerrando. Noto mucha presión en
el pecho, noto a alguien abrazándome, aunque no sé si es fruto de la imaginación.
No me quiere soltar y oigo la voz del ratoncito. Me vuelvo a asustar. No quiero
escuchar esa voz, es mala señal.
Pido a
la madre de Sidney que vuelva a repetir las nuevas, no me lo creo, no puede
ser, es verdad, Sidney se marcha. Veo a Sidney como me mira, asustada y
perpleja al verme llorar. Me mira, me voy hacia atrás. No quiero que me vea
llorar, me siento avergonzado, a lo mejor estoy exagerando las cosas. En estos
momentos solo quiero ir con mamá.
Sidney
me abraza, me dice que no pasa nada. Ojalá fueran verdad las palabras tan y tan
dulces que se escapan de su linda y perfecta boca. La presión disminuye, no
oigo la voz, la tormenta pasó, solo noto la temblorosa mano encima del boceto.
Aún
siento miedo. Quiero gritar a esa mujer, decirle las cosas claras pero no
puedo. La voz no me sale, se la ha llevado el ratón. Impotencia es lo que
siento. Me voy y me llevo el dibujo pero ella se llevará consigo mi corazón.
Sidney
se va y quién sabe si volverá…
No hay comentarios:
Publicar un comentario